Que brío en una pequeña muerte.
Una diminuta e insignificante luciernaga.
Eso basta.
Oscuridad. Echado sobre la yerba incolora. Adentrándome más en las preguntas de los fracasos, cerrando los ojos con fuerza, los brazos, los huesos, las vidas, las ideas, todo tan y tan fuerte que no sé como alcancé a ver la pelotita de luz verdosa que llamo tan poderosamente mi atención como para olvidar el mundo, la ciudad y sus luces y sus ruidos y... ¿O es que me metí en él verdaderamente, en esa asquerosa supraesfera de gris que cubre la tierra? ¿O parece que estoy pero no es así

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