Despertar de alas

Wednesday, February 08, 2006

Tres horas en el mar ardiente

Tres horas,
no en tiempos lineales y coherentes
sino fraccionados;
disfrazados de ángeles con pistolas silenciadoras,
asaltándome en las esquinas del mutismo inocuo,
mutilanme con sus miradas que son garras,
las mismas garras que son caricias,
de serpiente, de mujer,
de diosa que es también mundana,
de explosión que calla y que ensordece.

No soy de su mundo,
no pertenezco,
ni a usted, ni a ella,
ni a la esfera que arrienda mi mente.

Soy el diplomático de un país que no recuerdo,
Tengo de anfitrión a la especie humana:


Qué asco

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